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Por qué emigré a Paraguay: mi historia personal
Residencia

Por qué emigré a Paraguay: mi historia personal

Por qué emigré a Paraguay tras seis años de vida nómada: mi historia personal, mi vida hoy en Asunción y por qué buscaba una segunda base.

Yannick SchrothYannick Schroth
12 min de lectura

Vida en Paraguay

El día a día una vez instalado: costo de vida real en dólares y una guía práctica para vivir en Asunción, con barrios, vivienda y primeros pasos.

Me llamo Yannick Schroth y esta es mi historia personal: por qué emigré a Paraguay después de más de seis años viviendo como nómada digital. No es un texto de marketing ni una postal turística. Es el relato de cómo pasé de no tener dirección fija a elegir un lugar concreto para echar raíces, con sus luces y sus sombras.

Quiero contarle esto porque muchas de las personas que hoy me escriben están en un punto parecido al que yo estuve: cansadas de la vida en tránsito, buscando algo más estable, sin saber muy bien si Paraguay es el lugar correcto para ellas. Mi respuesta no le va a servir de receta universal, pero sí le puede servir de mapa.

Mi vida nómada antes de pensar en una segunda base

Durante unos seis años viví como nómada digital: aeropuertos, alquileres cortos, contratos de coworking mes a mes. Al principio esa libertad era exactamente lo que buscaba. Ningún jefe, ningún alquiler eterno, ninguna obligación de quedarme en un solo sitio si algo dejaba de gustarme. Cambiaba de país como quien cambia de barrio.

Con el tiempo esa misma libertad empezó a pesar de otra manera. No extrañaba una oficina ni una rutina fija, pero sí empecé a extrañar algo más simple: un lugar al que pudiera llamar mío. Un lugar donde no tuviera que reaprender el sistema de salud, el banco y el supermercado cada tres meses.

Ese desgaste no llega de golpe. Llega despacio, en pequeños momentos: cuando no sabe a quién llamar si se enferma en un país nuevo, cuando cada mudanza implica volver a explicar su situación a un banco distinto, cuando ya no tiene ganas de memorizar otra ciudad más. Ahí empecé a pensar en algo distinto a seguir viajando sin fin.

Un asado, parte de lo que amo de haber emigrado a Paraguay
Un asado, parte de lo que amo de haber emigrado a Paraguay

Por qué quise una segunda base y no solo pensar en impuestos

Cuando cuento esta parte de mi historia, mucha gente asume que la motivación principal fue fiscal. No lo fue, o al menos no fue la primera. Lo que yo buscaba era estabilidad real: un lugar donde pudiera construir algo a mediano plazo, con vínculos, con una rutina, con un techo que sintiera propio aunque fuera alquilado.

También pesaba la calidad de vida cotidiana. Quería un clima que pudiera disfrutar la mayor parte del año, gente con la que conectara con facilidad y un costo de vida que me permitiera vivir mejor sin depender de un salario altísimo. Una base así cambia el ánimo de fondo, no solo la cuenta bancaria.

Por supuesto, el tema impositivo entró en la ecuación. Un sistema territorial que no grava mis ingresos generados fuera del país es, en principio, un argumento de peso cuando se factura en el exterior. Pero si el único motivo hubiera sido ese, probablemente habría elegido otro destino con más fama fiscal y menos calidez humana.

Al final, lo que buscaba era simple de nombrar y difícil de encontrar: un hogar, no una escala más. Alguien que lleva años viviendo entre maletas entiende bien la diferencia entre un lugar de paso y un lugar donde uno puede, literalmente, dejar las cosas sin volver a guardarlas.

Por qué emigré a Paraguay y no a otro país de la región

Miré varias opciones antes de decidirme, como habrá mirado usted si está leyendo esto. Uruguay me atraía por su estabilidad institucional, pero el costo de vida es más alto y el proceso de residencia, más largo. Panamá tenía su lógica fiscal, aunque el ritmo urbano y el costo no terminaban de convencerme para instalarme de forma permanente.

Paraguay apareció primero como una curiosidad y terminó siendo la respuesta. El proceso de residencia era razonablemente accesible, sin exigir una inversión enorme ni años de espera. El costo de vida, en dólares, me permitía vivir con comodidad sin gastar de forma desproporcionada. Y el sistema territorial, ese 0 % en principio sobre ingresos del exterior, sumaba de forma honesta a la ecuación.

Pero lo que me terminó de convencer no estaba en ninguna planilla de comparación. Fue un viaje de reconocimiento a Asunción, semanas antes de decidir nada. Ahí sentí algo que no había sentido en los últimos años: ganas de quedarme un rato más, en lugar de contar los días para el próximo vuelo.

No idealizo la elección. Paraguay no es el país más conocido de la región ni el que más aparece en listas de moda para expatriados. Precisamente por eso lo elegí: no buscaba el destino de moda, buscaba el que funcionara para mi vida real, con mis prioridades concretas de estabilidad, clima, gente y números que cerraran.

Mi vida hoy en Asunción, entre Ycuá Satí y el tereré

Hoy vivo en la zona de Ycuá Satí, en Asunción, un barrio tranquilo, verde y bien conectado con el resto de la ciudad. Mis mañanas suelen empezar con algo tan simple como caminar hasta un almacén cercano o tomar un café en una terraza cerca de casa, algo que en mi vida nómada casi nunca lograba sostener más de unas semanas.

Trabajo desde casa o desde algún coworking cercano la mayoría de los días. Lo que cambió no es tanto la rutina laboral, que sigue siendo remota, sino todo lo que la rodea: conozco a mis vecinos, tengo un médico de confianza y sé exactamente dónde comprar lo que necesito sin buscar en un mapa.

Los fines de semana suelen incluir algún asado con amigos, una salida a la Costanera o simplemente quedarme en casa sabiendo que no me voy a mudar el mes que viene. Esa sensación de permanencia, tan pequeña en apariencia, es probablemente el cambio más grande entre mi vida de antes y mi vida en Asunción hoy.

Si a usted le interesa cómo es el día a día concreto (transporte, salud, trámites, barrios), lo desarrollé con más detalle en la guía para vivir en Asunción como expatriado. Ahí cuento la parte más práctica que aquí solo esbozo, porque este texto es sobre todo mi historia y mis motivos.

Lo que amo de vivir en Paraguay: la gente y el asado

Si tuviera que resumir en una sola palabra lo que más me sorprendió de Paraguay, sería la calidez. No es un cliché de folleto: es real, cotidiana y funciona distinto a lo que había vivido en otros países. Un vecino le ofrece tereré sin conocerlo. Un compañero de coworking lo invita a un asado sin mayor motivo que las ganas de compartir.

El asado paraguayo merece mención propia. No es solo comida, es un ritual social: la reunión se organiza alrededor del fuego, las conversaciones se estiran durante horas y nadie mira el reloj con ansiedad. Después de años de comidas apuradas entre vuelos, ese ritmo pausado fue, para mí, casi terapéutico.

También me gusta la escala humana de Asunción. Es una ciudad manejable, donde uno termina reconociendo caras en el barrio, en el gimnasio, en la feria. Esa cercanía construye comunidad de una forma que en ciudades enormes cuesta mucho más lograr. Escribí sobre esto con más detalle en la nota sobre la comunidad hispanohablante y expat en Paraguay.

La cultura local también me atrapó, sobre todo la mezcla de guaraní y español, las tradiciones que siguen vivas en la vida diaria y una identidad que no se parece a la de sus vecinos grandes. Si le interesa ese costado, hay más en el artículo sobre cultura y tradiciones de Paraguay.

¿Se está planteando algo parecido a lo que yo viví hace un tiempo? Cuéntenos su caso sin compromiso y lo pensamos juntos, a su ritmo. Escríbanos por el formulario de contacto

Las sombras honestas de por qué emigré a Paraguay

Sería deshonesto contarle solo la parte linda. La infraestructura es despareja: en Ycuá Satí y otros barrios buenos todo funciona razonablemente bien, pero basta salir un poco para notar calles rotas, veredas irregulares o cortes de luz después de una tormenta fuerte. No es algo que se resuelva de un día para otro.

La burocracia también pone a prueba la paciencia. Trámites que en otros países se resuelven con un clic aquí exigen papel, sello y presencia física. Aprendí, a fuerza de repetirlo, que apurarse no sirve de nada: lo que funciona es llevar la carpeta completa, con todo apostillado, y aceptar que el ritmo local es el que es.

Y está el calor. De octubre a marzo, Asunción puede volverse agobiante, con semanas enteras de 38 o 40 grados y humedad alta. Si usted no tolera bien el calor extremo, esto le va a pesar todos los días, no solo alguna tarde. A mí me costó los primeros dos veranos; después aprendí a organizar mi rutina alrededor del clima.

Hay otras cosas menores que también sumo a la lista honesta: cierta lentitud en algunos servicios, la necesidad de moverse en auto porque el transporte público es limitado, y una oferta cultural más chica que la de una gran capital. Nada de esto es dramático, pero tampoco lo voy a esconder solo para que la historia suene más bonita.

Para quien quiera el repaso completo de contras, sin filtros, escribí una nota específica sobre las desventajas de vivir en Paraguay. La recomiendo especialmente a quien está por dar el paso: mejor conocer lo incómodo antes de mudarse que descubrirlo después, con las maletas ya deshechas.

Mi conclusión personal sobre por qué emigré a Paraguay

Mirando hacia atrás, no me arrepiento de haber cambiado seis años de nomadismo por una base fija en Asunción. Gané algo que no lograba tener antes: rutina, vínculos, una sensación de pertenencia que no dependía de cuánto durara mi visa de turista. Eso, para mí, valió más que cualquier ventaja fiscal aislada.

Tampoco pretendo que mi camino sea el correcto para todos. Conozco gente que probó Paraguay y volvió a su país porque extrañaba la vida urbana intensa o no toleró el calor. Y conozco gente que llegó de visita y terminó quedándose para siempre, como me pasó a mí. La diferencia suele estar en las prioridades de cada quien.

Si algo aprendí de esta historia es que una segunda base no se elige solo por una hoja de cálculo. Se elige por cómo se siente uno caminando por la calle, tomando un café, hablando con un vecino. Los números importan, pero no explican por qué, de todos los países que visité, este fue el que me hizo quedarme.

Si su historia se parece un poco a la mía (cansancio de la vida nómada, ganas de una base propia, curiosidad por Paraguay) me encantaría conocer su caso. Puede leer también mi trayectoria completa en la página sobre Yannick Schroth, donde cuento con más detalle a qué me dedico hoy desde Asunción.

Si quiere contarme su situación y pensar juntos si Paraguay tiene sentido para usted, no hace falta ningún compromiso previo. Conversemos sobre su caso

Preguntas frecuentes sobre por qué emigré a Paraguay

¿Se mudó solo por los impuestos?

No. El sistema territorial fue un factor real y positivo, pero no el motivo principal. Buscaba sobre todo estabilidad, una rutina propia y un lugar donde no tuviera que reaprender todo cada pocos meses, como me pasaba durante mi vida nómada. El 0 % sobre ingresos del exterior fue un bono, no la causa.

¿Se arrepiente de haber emigrado a Paraguay?

No. Gané algo que no tenía en mis años de nomadismo: pertenencia, vínculos y una vida cotidiana estable en Asunción. Eso no significa que todo sea perfecto; hay días de calor agobiante o trámites lentos que me frustran, pero el balance general es claramente positivo para mi situación personal.

¿Qué fue lo más difícil de adaptarse a la vida en Asunción?

El calor de octubre a marzo y la burocracia lenta fueron, sin dudas, lo más difícil. Me tomó dos veranos aprender a organizar mi rutina alrededor de las temperaturas altas, y varios trámites me enseñaron que en Paraguay conviene llevar toda la documentación en orden desde el primer día.

¿Recomendaría Paraguay a cualquier persona?

No a cualquiera. Le va bien a quien tiene ingresos generados fuera del país, tolera el calor y valora un ritmo de vida tranquilo con fuerte cercanía humana. No es ideal para quien necesita vida nocturna intensa, transporte público eficiente o una infraestructura homogénea en toda la ciudad.

¿Por qué eligió Ycuá Satí para vivir en Asunción?

Buscaba un barrio tranquilo, verde y bien conectado, sin el ritmo comercial más intenso de otras zonas. Ycuá Satí me dio eso: cercanía a servicios, buenos vecinos y un ambiente que se siente residencial de verdad, algo que valoré mucho después de años sin un hogar fijo.

¿Extraña la vida nómada digital?

A veces extraño la novedad constante de conocer un país nuevo cada mes. Pero ese extrañamiento es puntual, no permanente. Lo que gané a cambio (rutina, comunidad, un lugar propio) pesa mucho más en mi vida diaria que la emoción ocasional de hacer una maleta otra vez.

¿Cómo decidió que Paraguay era su segunda base y no otro país?

Comparé varias opciones de la región en costo de vida, proceso de residencia y clima fiscal, pero lo que definió la decisión fue un viaje de reconocimiento a Asunción. Ahí sentí, por primera vez en años, ganas reales de quedarme, algo que ningún cuadro comparativo me había dado antes.

¿Su historia sirve como guía para cualquiera que quiera emigrar a Paraguay?

Sirve como referencia, no como receta. Mi historia refleja mis prioridades: estabilidad, calidez humana y una base con costo de vida razonable. Cada persona llega con una situación distinta, así que lo mejor es contarnos su caso concreto antes de asumir que mi camino se aplica igual al suyo.

Aviso: Esta es una experiencia personal del autor. Cada caso es distinto; lo que funcionó para mí no es una recomendación universal ni asesoría para su situación.

Retrato de Yannick Schroth, Fundador · Asesor de residencia en Paraguay

Sobre el autor

Yannick Schroth

Fundador · Asesor de residencia en Paraguay

Vive en Asunción y acompaña a hispanohablantes en el camino hacia la residencia, la cédula y una estructura fiscal ordenada en Paraguay.

Tags:VidaHistoria personalEmigrar

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